El Futuro del Karate

Seamos sensatos. Intentemos por un momento dejar de lado el sentimiento del pertenencia a nuestros grupos, ese dañino sectarismo; mantengamos un momento al margen el lógico orgullo por lo que uno hace y hacen sus amigos, por los colores, los estilos, los maestros y maestrillos, los senseis y sensietes… ¿Seremos capaces de dejar de ver a los karatekas de estilos opuestos como “malos” y a los que practican el nuestro como más “buenos”? Si no somos capaces de ser fríos, neutrales, no sectarios sino ecuánimes, los principales perjudicados seremos nosotros, porque el karate seguirá siendo marginal en el mundo civilizado y el karateka objeto de las bromas de los conocidos y el desprecio generalizado.

Divide y vencerás

¿Cui prodest? ¿A quién beneficia la división en estilos del karate? Al taekwondo sin duda, por ejemplo. Al menos una vez cada cuatro años se ve taekwondo (y judo) en la televisión con motivo de las olimpiadas, pero presenciar una competición o un reportaje sobre karate es prácticamente imposible.

También beneficia al que va de sensei porque tiene los ojos rasgados, o al que ganó fama por ser el matón del barrio, o al que simplemente tuvo el mérito de estar en el lugar oportuno en el momento oportuno, aunque no lleguen ni a sencero. Tienen la pitanza asegurada a costa de impresionar a sus abducidos alumnos, pero cada día menos, en contraste con aquellos gloriosos tiempos en los que hasta el rey Juan Carlos I practicaba karate. Por el contrario, el fantoche dejaría de creerse una divinidad si los criterios que valorasen la calidad de la técnica fueran estándar, iguales para todos, porque con toda seguridad haría el ridículo más espantoso –excepto si es amarillo, claro, porque la raza parece que es un grado– en la comparación.

El karate ganaría nivel técnico y científico en general si lo que se valorase fueran aspectos objetivables, medibles, estandarizados, iguales para todos. Y un karate unificado tendría una potencia de fuego enorme, una capacidad de influencia de la que carece hoy en día en el COI, lo que devolvería al karate, uno de los mejores deportes que existen desde el punto de vista del desarrollo físico, al lugar que una vez ocupó.

Recordemos que la palabra diablo significa separación, división. Diablo es lo que separa y divide, lo que impide avanzar juntos, lo que nos mantiene más pendientes de las diferencias que de las similitudes entre estilos, más pendientes de las peculiaridades de cada estilo que de las características biomecánicas del ser humano, de la irreflexiva defensa a ultranza de nuestros respectivos profesores en lugar de la admiración al mejor ejecutante.

Quién pierde con la división del karate aunque crea que gana

Como otros en el shitoryu, el gojuryu, en el shotokan, Kanazawa es un ejemplo paradigmático de diablo: ha constituido un clan dinástico medieval estilo Ueshiba que retiene la riqueza e influencia que genera entre sus descendientes y representantes; pero la escasa calidad técnica de estos, derivada de la propia del Kancho, ha fijado y divulgado un estándar técnico deficiente, el suyo, en el que vale casi todo, es decir, su estándar es el no-estándar. ¿Motivación? La misma que la tradicional en las federaciones y asociaciones: más practicantes que calidad. Porque la calidad no paga la licencia federativa anual y los practicantes sí. Así, como cinturón negro y profesor vale cualquier manta, con tal de que pague su propia cuota, la cuota del club, la de sus alumnos, y la de los exámenes respectivos.

Hirokazu Kanazawa parece preocupado por el futuro de su familia, pero su vista es corta, porque si la división continúa, sus biznietos sólo recogerán las migajas de su imperio, si es que llegan a recoger algo en un karate en franca recesión, que sólo sobrevive gracias a la expansión en los países en vías de desarrollo, todavía susceptibles a la manipulación y al engaño más burdos.

Los representantes de los demás estilos, subestilos y subsubsubestilos, en el desesperado intento de mantener su imagen de Ser Superior entre sus alumnos, de ser los más guays del universo, poseedores de secretos poderes de invulnerabilidad, no se dan cuenta de que tiran piedras sobre su propio tejado, como ya ocurre en España, donde los grandes maestros de antaño, los pioneros, pasan estrecheces económicas que ellos mismos se han encargado de alimentar con su vanidad y su nulo interés por la ciencia, aunque de boquita dijeran lo contrario, arrojándose en brazos de un delirante misticismo como marketiniana tabla de salvación, incapaces de ofrecer a sus alumnos un producto de calidad.

Con su férrea defensa de lo suyo, de su hipoteca y su ego, como el célebre escritor español Francisco Umbral con su igualmente célebre: “Yo he venido aquí a hablar de mi libro”, están minando el futuro del karate, dividiéndolo a base de enfrentamientos por un quítame allá esas pajas. Porque lo que vale es lo que decía mi maestro, que era discípulo directo de Perico el de los Palotes en versión nipona, no lo que mejore técnicamente el karate para que consiga por fin llegar a ser olímpico –previo paso por el frenopático donde le traten de sus desvaríos místicos– y lograr finalmente convertirse en un arte serio como el ballet o la natación sincronizada, no una patochada de macarras violentos y desorientados esenciales.

Con un karate serio y unificado gana todo el mundo, porque todo el mundo puede volver a ser reconocido como practicante de una actividad sensata, civilizada, moderna, formativa, con el glamour de lo oriental pero sin olvidar el microscopio de la ciencia. Incluso los cabezas de las distintas familias podrían ser los nuevos Funakoshis, pasarían a la historia como los fundadores del karate del Tercer Milenio en lugar de desaparecer miserablemente, sólo mencionados por los mediocres personajes que hoy superpueblan nuestro aparentemente amado karate. Y digo aparentemente porque amar es ocuparse activamente de la vida y el desarrollo de aquello que amamos, no por tener más danes y más alumnos que se te pongan de rodillas, te rían los chistes tontos y te griten ¡Osss! como fanáticos harekrishnas.

La solución: el karate sin apellidos

Si aceptamos que la división en estilos es el cáncer del karate, la solución terapéutica es sencilla: la unificación. Como he explicado en los post relativos a la final del campeonato del mundo de kata WKF 2010 entre Luca Valdesi y Antonio Díaz, la normativa actual es perfectamente arbitraria, sin fundamento alguno, y lleva al karate justo al lugar en el que se encuentra: la irrelevancia. O peor: la vergüenza… para quien posea esa virtud.

Mi propuesta clara, directa, sencilla, comprensible, conciliadora, ecuánime, justa, beneficiosa: que en las competiciones de kata cada karateka ejecute obligatoriamente al menos un kata de la gran familia de estilos opuestos (shotokan por un lado y goju y shito por otro). De este modo, más allá de los estilos, más allá de las peculiaridades de cada kata concreto, podrá observarse al competidor más correcto técnicamente, porque podrá compararse con otro en igualdad de condiciones.

Podría tratarse de una extensión del concepto shitei kata, en el que, en lugar de obligar a unificar los pequeños componentes de las grandes familias en un menor número categorías, obligara a unificar las dos grandes corrientes en una –el karate, sin apellidos– por el recurso de exigir a cada contendiente compararse con otro karateka de estilo opuesto ejecutando dos katas, uno de su estilo y otro del contrario. Ni para ti ni para mí, perfectamente ecuánime, por ejemplo Valdesi se compara con Díaz con un suparimpei cada uno y un gankaku cada cual. ¿No es sencillo?

Y por supuesto que se impone un cambio radical en la normativa, pero esto puede ser un paso posterior, no urgente, porque los artículos que la componen surgirían naturalmente de la evolución técnica, una vez superada la división.

Autor: Long

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4 respuestas a El Futuro del Karate

  1. shidoinjusto dijo:

    Hola buen día, en esta oportunidad tengo una opinión distinta. cuando afirmas que con “un karate serio y unificado gana todo el mundo”, la verdad pienso que quienes ganarían serían solo los que se han adueñado de las federaciones de karate y también creo que la diversidad es buena. lo que no es bueno (al igual que tu lo has dado a entender) es el sectarismo y eso es perjudicial tanto en el karate, como en el fútbol y la política; por ejemplo. particularmente yo practico el matsubayashi shorin ryu y he tenido la oportunidad de compartir con otros practicantes de diferentes países durante años y nunca les he escuchado decir que nuestro estilo es el mejor. yo opino igual. naturalmente me siento más cómodo cuando estoy con ellos, después de todo varios son mis amigos y compartimos una afición común y entre nosotros no competimos. no somos un estilo “único y especial”. simplemente somos un estilo particular de los muchos que hay y aunque hacemos katas distintos somos capaces de reconocer la belleza en la ejecución de un suparimpei bien realizado. comparto tu opinión en cuanto a que no debemos creer que por que alguien haya nacido en japón es mejor maestro. de hecho creo que aquí en españa hay excelentes maestros que nos enseñarían más y mejor que muchos maestros okinawenses de pata negra. esa perspectiva sobre ellos debemos cambiarla. he tenido la oportunidad de conversar con amigos de mi propio estilo y de otros diferentes y me han comentado que cuando han ido a japón una temporada para hacer karate con la ilusión de aprender “técnicas especiales secretas” se han pasado todo un mes repitiendo solo el kihon básico, simplemente porque los maestros japoneses no enseñan karate como nosotros lo impartimos. por último, si fuese mi interés de que el karate llegue a convertirse en un deporte olímpico estaría de acuerdo contigo cuando dices “que en las competiciones de kata cada karateka ejecute obligatoriamente al menos un kata de la gran familia de estilos opuestos” pero en realidad exigir eso seria desde mi perspectiva egoísta y muy subjetiva que pretendiéramos hacer lo mismo con el teatro. sería muy lamentable porque perderíamos arte por deporte. una vez más te felicito por exponer temas tan polémicos que nos hacen reflexionar. muchas gracias.

    • El Cuervo dijo:

      Creo que a estas alturas estan claras mis tendencias tradicionalistas en el mundo del Budo, sin embargo no se puede vivir de espaldas a la realidad y, ésta, pasa por entender que el Budo y el Karate en particular, es entendido como una actividad deportiva (básicamente).
      En este aspecto hay que decir que la evolución sana es la que plantea Long, existiendo además claros y positivos antecedentes como el Kendo y el Iaido.

      Actualmente el Kendo es interpretado mayoritariamente como un deporte, para ello se unificaron, a principios del siglo XX, todas las escuelas de Kendo dando lugar a 10 kata básica y sus reglas deportivas que, lógicamente, han ido evolucionando. Sin embargo y aunque la mayoría de la gente no lo sepa, siguen existiendo escuelas, incluso nuevas tendencias, cuyos matices son admitidos aunque aparentemente incumplan la norma general.

      Si se hizo con el Kendo-Iaido, puede hacerse con el Karate y establecer unos criterios lógicos para la competición, aún cuando coexistan las escuelas tradicionales.

      Lo que está ocurriendo, en el Budo en general, es una involución, existen, deben existir Maestros occidentales teniendo en cuenta que hace más de medio siglo que el Budo se extendió a occidente, ahora bien, dicho esto personalmente observo que nos volvemos más papistas que el papa y reinventamos la rueda.

      El Budo debe evolucionar para crear belleza no exenta de eficiencia en los movimientos y cumplir el objetivo de maximizar los recursos del cuerpo, en este sentido hay avances en los conocimientos científicos que nos ayudan en esta tarea comprendiendo las leyes físicas que rigen las artes marciales sustituyéndolas por las primitivas supersticiones y creencias populares, tanto japonesas como occidentales.

      Un ejemplo es, precisamente, el que pones sobre las “técnicas especieales secretas”, no existen, nunca existieron, residen en pulir y depurar el Kihon hasta llegar al máximo y después depurarlo aún más para trascender de lo obvio, sin embargo, en occidente creemos que existe “algo misterioso” que nos ocultan.

      Pensemos en cualquier otra actividad, incluso marcial, ¿Cuál es la técnica secreta de los francotiradores? Ninguna, solo practicar y depurar su puntería, teniendo en cuenta todas la variables que influyen en la trayectoria de la bala, incluída la fuerza del viento. Esto es lo que no se estudia y se espera que los maestros japoneses nos den una respuesta inmediata.

      Debemos aprender a ser autocríticos y estudiar los movimientos básicos hasta depurarlos, entonces se comprenderá que los distintos estilos y escuelas son solo simples variaciones con lo que se puede llegar fácilmente a un consenso que facilite la unificación.

      Muchos de los estilos tenidos como originales, son en realidad, variantes creadas por (ejemplo) el suelo en el que se practica, no es lo mismo practicar en el suelo liso y libre de un tatami que en el campo, lleno de hierba, con agua y barro, etc…

      En fin, creo que, en estos momentos, hay demasiado Ego y vanidad y poco estudio serio sobre el Budo en general y el Karate en particular.

  2. Anónimo dijo:

    tu propuesta esta buena pero el fin del karateno es figurar frente a otros deportes , pues al final el concepto es la simpleza de la vida y no marketearlo como producto , lso que realmete entienden y aplican el fin del karate no pensamos que acabara al contrario , frente a tanto frivolismo actual esat situado al otro margen mas espiritual ossss

    • El Cuervo dijo:

      Pasando de tópicos, no existe ningún tipo de espiritualidad en el Budo, una actividad destinada a dañar y lesionar, incluso matar al contrario.
      Y si de frivolidades hablamos, ese osssssssssssssssssss, es de lo más frívolo, toda vez que se le ha desprovisto de contenido ya que su significado es “perseverancia”, “esforzarse”.

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