El mito romántico del Rônin

Tumbas de los 47 Ronin en el templo de Sengakuji (Tokyo)

Tumbas de los 47 Ronin en el templo de Sengakuji (Tokyo)

No es que tenga demasiada importancia, pero realmente ni sé ni entiendo de donde procede la mitificación romántica de esta figura, tal vez por tratarse de un soldado, militar, guerrero que “va por libre”, es decir que no cumple órdenes ni tiene la obediencia debida a un superior. Digo tal vez, quizás, porque esa interpretación requiere infinidad de matices toda vez que no fué ni es hoy dia tenido como tal dentro del pensamiento japonés.

A título personal solo conozco tres referentes de esta figura, dos históricos y el tercero de la mano del gran cineasta Akira Kurosawa en la espectacular obra Los siete samurai, los cuales, en realidad, son ronin. Los dos referentes históricos son la historia de Los 47 y la vida de Miyamoto Musashi y en ambos encontramos mezcla de hechos puramente históricos y leyendas populares.

Supongo que en occidente la figura del Ronin se ha tomado como equivalente a nuestro Caballero Andante, una suerte de guerrero místico o semi-místico rodeado de aventuras épicas y pleno de virtudes. Es una suposición, no sé si es cierta, pero sí observo una excesiva romantización de algo que, en realidad, es tenido como una desgracia.


Un poco de Historia

Habitualmente se tiende a ver la figura del samurai como alguien o algo invariable en el tiempo. Nada más lejos de la realidad.

Como en todas las culturas a lo largo y ancho de este mundo, los soldados, militares, guerreros, han cambiado y evolucionado a lo largo del tiempo según los avances culturales, tecnológicos y científicos. Japón no escapa a esa regla, por lo que se pueden distinguir tres etapas:

Etapa anterior a la época Kamakura

Haniwa - Figura de terracota, siglo V

Haniwa – Figura de terracota, siglo V

En los primeros tiempos de Japón existían los soldados, las primeras figuras corresponden al siglo IV (Periodo Kofun) que visten armaduras y utilizan espadas de bronce o hierro.

En esa época el clan Yamato se impone por la fuerza al resto de tribus autóctonas conquistando la mayor parte del archipiélago japonés, se establece una aristocracia primitiva y la religión Shintoísta, cuyos postulados se habían comenzado a clarificar en el siglo III a.C, se convierte en la religión nacional siendo en el siglo VII cuando el Emperador, hasta entonces, Rey o Gran Rey, pasa a ser considerado “descendiente de los dioses” (Tenno).
Los soldados, pese a su importancia en la expansión del territorio, no tienen una especial relevancia ni poder, de hecho aunque existen registros de incursiones militares en China y Corea que datan de los siglo IV y V, no existe ninguna figura militar de importancia salvo escasas referencias en las “Crónicas Antiguas de Japón” (Nihon Shiki y Kojiki) y éstas se encuentran mezcladas con elementos mitológicos por lo que no es fácil discernir entre la realidad y la leyenda.

Las Guerras Genpei

Con una sociedad ya estructurada y asentada en la capital Nara, los gobernantes Yamato, concretamente el Emperador Monbu (683-707) promulga el Edicto Taiho (大宝律令 Taihō-ritsuryō) introduciendo dos importantes reformas: una la centralización administrativa tomando como base el pensamiento confucionista y otra la obligatoriedad por parte de la nobleza civil y de toda la clase militar del aprendizaje y el dominio de las artes marciales.

Estos eventos implican la introducción del confucionismo como norma ética de conducta y el establecimiento de una clase militar agrupada en ejércitos numerosos, estable estructurada según el modelo chino. Puede decirse que es el nacimiento de la clase samurai que, en la época iba armada con arcos y flechas y dos espadas, aunque su nombre correcto era Heishi (soldado), asignado a un regimiento y compartiendo su profesión con tareas agrícolas.

La estructura social fué cambiando y adaptando las costumbres introducidas desde China a la mentalidad japonesa, las religiones budista y shintoísta llegan a fundirse de modo que divinidades shintoístas son representadas y objeto de culto budista, por ejemplo los guardianes (Fudo Myoo) del templo de Asakusa en Tokyo (Senso-Ji), dedicado al Buda Kannon, son los dioses shintoístas Rainin (dios de las tormentas) y Fujin (dios del viento).

La aristocracia se hace fuerte y surgen los diferentes clanes liderados por un Gran Señor (Daimyo) luchando por el poder político y respaldados por sus propios ejércidos de arqueros a caballo y portando las primeras katana, espadas de hoja curva.

En el siglo X esta situación, a la que se añade una época de hambrunas y plagas, desemboca en guerras civiles que tienen su apogeo en el siglo XII con la subida del clan Minamoto al poder, el traslado de la capital a Kamakura, con lo que la estructura social se divide en un poder político (el Emperador) y un poder militar (el Shogun) que domina la administración apoyado por los ejércitos formados por soldados estables: la casta Samurai.

El Shogunato Tokugawa (Periodo Edo)

Tras un periodo de relativa estabilidad, las luchas por el poder continuan enfrentando a los poderosos Daimyo envolviendo al pais en un estado contínuo de guerras civiles hasta la llegada del primer pacificador: Oda Nobunaga (1534-1582) quien con el rango de Shogun (Gran Pacificador, Dictador Militar) dominó el pais hasta su muerte.

Le sucedió en el poder un general de origen humilde, Toyotomi Hideyoshi, cuyo padre había sido soldado Ashigaru (soldados de leva), por lo que a pesar de ser nombrado general y regente, no se le otorgó el título de Shogun ya que no pertenecía a ningún clan samurai. Lo que revela el gran poder que había acumulado esta casta.

El tercer y último pacificador y unificador de Japón es Ieyasu Tokugawa, que se impone en 1599, tras la más grande batalla de Japón en las llanuras de Sekigahara, donde se enfrentaron todos los clanes divididos en dos bandos, uno que apoyaba a Toyotomi Hideyoshi y otro a favor de los Tokugawa.

Tokugawa es nombrado Shogun y traslada la capital a Edo (actual Tokyo) disolviendo los ejércitos y clanes enemigos y reasignando los feudos, de un total de 204 pasaron a ser 188 divididos en dos clases: los Fudai Daimyo (que habían sido leales antes de la batalla) y los Tozama Daimyo (que habían jurado lealtad después de la batalla.

Este periodo de paz se extiende hasta la restauración del poder al Emperador en 1868 (Restauración Meiji)


Perdón por esta larguísima introducción histórica, pero tiene su relevancia a la hora de analizar y ver como fueron los samurai y los ronin.

Ronin (浪人) significa “Hombre Ola”, es decir “que va y viene sin rumbo” y, en origen, la palabra hace referencia al samurai que ha perdido su posición de privilegio, lo que sucedía por distintas razones: que había perdido el favor del señor feudal o que el clan feudal había sido disuelto. Del mismo modo que se era samurai por razones de nacimiento, el estatus de ronin era hereditario.

Dado que el valor del samurai, como casta y como soldado, era servir en la casa, clan, de un señor feudal, el ronin era una figura marginada que soñaba con ser contratado por algún ejército, si tenemos en cuenta la estructuración en castas de la sociedad japonesa medieval, será fácil entender que el Ronin no tenía medio de subsistencia, era, para entendernos, un vagabundo.

En los periodos de guerras, desde las Guerras Genpei hasta el Periodo Edo, no era demasiado difícil que un samurai encontrase un señor que le contratase a su servicio, por lo que eran más bien escasos los Ronin. Miyamoto Musashi, el único del que se tiene referencias históricas fidedignas, sirvió en distintos clanes, participando en la Batalla de Sekigahara al servicio del clan Ashikaga, del bando perdedor.

Tras esta batalla y la consiguiente disolución de los clanes rivales a Tokugawa, los ronin aumentan y, por un lado la época de paz y por otro el recelo de los señores feudales a tomar a su servicio a samurais que habían luchado contra el Shogun, son escasos quienes vuelven a recuperar su estatus.

Musashi emprendió lo que se llama Musha Sugyo, un viaje de autoperfeccionamiento que consistía en viajar de ciudad en ciudad enfrentándose a los guerreros más afamados en duelos singulares y que complementó con estudios de arte, pintura y caligrafía. Este viaje, también mitificado, solían hacerlo los samurai relevantes de alguna escuela o feudo, es decir, por encargo para perfeccionar las técnicas de lucha.

Es esta época de paz en la que transcurre “El incidente de Asano”, más conocido como “Los 47”, en el relato novelado de este incidente pueden observarse como transcurría la vida del Ronin. Unos forman su familia y se dedican a actividades agrícolas para sobrevivir, otros se convierten en mercenarios, piratas y se dedican a asolar aldeas (tal y como aparece en la película “Los siete samurai”), otros abren salas (dojo) en el que enseñan las artes marciales a plebeyos. Pero todos mantienen el sueño de volver a su antiguo estatus.


La figura del Ronin en la época moderna

Hoy dia, en Japón, un Ronin es un estudiante que ha suspendido el examen de acceso a la universidad elegida y, por tanto, debe pasar el siguiente año estudiando para prepararlo mejor. Es decir no ha perdido su sentido peyorativo y sigue siendo considerado y vivido como una desgracia.

Debo aclarar aquí que este fracaso tendrá consecuencias en su futuro laboral, ya que las empresas más prestigiosas y que ofrecen mejores puestos de trabajo los rechazarán en favor de otro que, a pesar de que su nota final sea peor, haya aprobado la primera vez ya que se entiende que si no lo ha logrado es por falta de esfuerzo.

En un sentido más figurado y teniendo en cuenta que los modernos ejecutivos (sarariman -hombre asaliariado) siguen o intentan seguir la tradición samurai, un ronin es un parado, alguien que ha sido despedido. La correlación es la misma: haber perdido el estatus anterior y no tener un referente identitario de su situación social.

 

Con todas estas consideraciones históricas y culturales, ser un ronin no es algo para vanagloriarse ni siquiera algo deseable. Hoy dia es fácil convertirse en ello, basta con dejar el trabajo y ni siquiera buscar otro, convertirse en vagabundo tal y como hizo Musashi en su época, durmiendo al raso y alimentándose de la caridad. Sé que es duro lo que estoy diciendo, pero esta es la realidad tal y como la Historia y la Cultura definen al Ronin.

Resulta espeluznante, incluso grotesco, que en 2014, cuando el mundo está bajo una crisis mundial grave, el trabajo escasea y las condiciones se endurecen, se pretenda vanagloriarse o reinvidicar el papel de Ronin desde una cómoda posición, bajo techo, conectado a Internet y la subsistencia resuelta o casi.

Entiendo que se aplica a ser un artemarcialista sin escuela o disciplina definida, pero entonces, el Ronin, debería embarcarse en su particular Dokkodo o Musha Sugyo, un camino o forma de vida (literal, no figurada) de auto aprendizaje, es decir sin nadie que le guie o instruya, investigando por sí mismo y poniendo a prueba su conocimiento. Este conocimiento debería ser total, incluyendo la cultura y la filosofía y no me refiero a un corolario de frases bonitas o creencias u opiniones creadas sobre bases especulativas, sino a un estudio profundo, sincero y total, solo de esa manera se emulará al gran Musashi, cuyos cuadros y caligrafías se encuentran en museos por su alta calidad pictórica, cuyo libro “Gorin no Sho”, es un tratado de tácticas, técnicas y actitudes que son válidas para toda situación de enfrentamiento.

¿De verdad alguien desea convertirse en un auténtico Ronin? Lo dudo.

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2 respuestas a El mito romántico del Rônin

  1. Anónimo dijo:

    con lo que dices, yo debo de ser un ronin, ya que he dejado mas de un trabajo, medio subsisto de mi huerta y practico artes marciales aprendidas de diferentes escuelas, intentando combinarlas para que su fluidez aumente, no es un camino facil el que he elegido pero si estoy orgulloso de haberlo elegido yo y desde luego la gente me mira con desconcierto como minimo el que yo no me subyugue ante lo que ellos creen un ser con mejor vida por ser poseedor de mas bienes materiales y/o mas poder social

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